aquella desprevenida mañana,
y sin avisar antes me dijo …
quiere usted vaciarse todos los cajones,
he venido a quedarme.
No tuve tiempo de aceptar su anuncio,
porque siempre estuvo dentro,
de mis armarios, de mi florero,
de los papeles, que llegaban mojados
con fecha urgente de anteayer.
A la primera hora de la mañana,
renuncie a la letra de mis cuadros,
al desorden de mis piedras
y al centinela hundido,
que abandono la torre en pleno sacrificio.
Yo camine con zapatos de arena usada,
en la desterrada razón
de los árboles de caña de azúcar,
hacia donde derramaba la muerte,
el invisible olor, de tantos maltrechos efectos solidarios.
No supe que hacer en las citas con la tertulia,
ni en los desproporcionados repartos del carbón,
cerca del horno donde ardía la vela,
de la silenciosa expropiación
de mis bienes celestes.
Por eso reinvente la resonancia grabe en un suspiro,
muy cerca del silencio escrito de un crucigrama sin voz,
con las mano secreta de la fuente dorada de una brújula,
que en interludio solitario de un viaje por el aire,
llenaba de música ,el globo de un niño.
