espejos de una ciudad sin ley,
caballos salvajes para una canción imposible
en el rió secreto de los hombres volcán.
Yo no escogí los dados de la fortuna eterna,
la sangre alterada del sentimiento impuesto,
la llama imprudente del alfabeto y el sueño,
que me llego como crucifijo de una sagrada antorcha.
