Es como un suave velo, invisible
que me deja atrás
en otro espacio, en otro tiempo
y llego tarde siempre
a pesar de mis esfuerzos
a las ciudades y a los bautizos.
Solo pensar, en la profundidad
de este abismo perpetuo
que me mata
y que me da placer
que me entierra
y que me trae la vida.
Siempre tarde
dos vagones antes
o en el anterior banco de ninguna plaza
allí estaré yo
despacio
acomodado
a ritmo de ola lenta
o como aire tímido
saliendo poco a poco
de la libertad.
Solo entonces y
en ese preciso instante
desde adentro iré llegando
muy
a pesar
mio
siempre tarde.

